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Ingeniero Civil por profesión y se la da en teólogo por vocación. Le encantan las historias pero sobre todo un buen café. Líder principal de Ministerio Para Cristo.

Guerra

Se soñaba con una patria con igualdad de derechos y una justicia distributiva en la que todos somos iguales, sin distinción de razas, ni clases sociales, pero pasaba el tiempo y el sueño se estaba convirtiendo en pesadilla.

Varias revueltas habían ocurrido bajo el imperio Romano, y el horizonte se tintaba de rojo carmesí por la sangre derramada de mártires que caían bajo el terror del imperio. Es en este panorama de protestas, de injusticias y de inseguridad que Jesús llega al mundo.

¿Qué tanto pudo haber influenciado este panorama al mensaje de Jesús? Influenció Lo suficiente como para que aquel mensaje desafiante de “El Reino de los cielos “sea predominante en sus enseñanzas, ya que el mensaje brindaba una esperanza no lejana, que le daría fin a las injusticias que vivía el ciudadano judío del siglo I.

Pero ¿Cómo se establece el Reino de los cielos en la tierra? Por mucho tiempo hemos interpretado aquel texto que dice “el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” de una manera contraria a lo que originalmente se quiso decir. Todos los reinos en la tierra hacen el uso de la violencia para establecerse, pero este Reino es de los cielos por lo que la estrategia debe proceder del mismo lugar.

La estrategia es esta: para que esa Patria soñada se haga realidad debemos desprendernos de la violencia, de la arrogancia, del clasismo y de todo lo que no deseamos ver para que nuestra realidad sea transformada, porque para cambiar el mundo debemos primero cambiar nosotros.

San Juan 18:36

Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.

Cristo en su mensaje retador nos manda a vivir como si ya el Reino estuviese en la tierra, de modo que la guerra es en sí una resistencia puesto que para que el Reino se establezca se debe vivir como si el Reino ya estuviese, era un mensaje participativo en el que Dios y el hombre trabajarían juntos para ver la patria anhelada, El Reino de los cielos.

San Mateo 6:10

Que se haga tu voluntad en la tierra cómo se hace en el cielo.

Gracia

A lo largo de la historia siempre ha existido el exclusivismo, por eso vemos una familia por encima de otra, una jerarquía social que humilla a otra y un grupo selecto superior a los demás. Sin embargo, han sido tantas las veces que hemos presenciado esto que finalmente lo hemos aceptado como la norma.

Pareciera que ya no nos afecta saber que la sociedad no es equitativa ni tan siquiera justa y esta idea la hemos llevado a las instituciones, incluyendo a la iglesia. Cuando leemos en los evangelios aquel maravilloso texto que dice: “Les dio potestad de ser llamados hijos de Dios” se debe a que este título por mucho tiempo fue totalmente exclusivo no para a una nación, sino para una persona, a César, sobre quien aún el día de hoy podemos encontrar monedas del Siglo I con su imagen, que llevan la siguiente Inscripción: “DIVI FILIUS” (HIJO DE DIOS), era César y no otro, quien gozaba de este título que lo sobreponía por encima de la humanidad.

Esta norma de la sociedad cambia, cuando el inocente murió por los culpables y en vez de llevar una corona de oro la llevó de espinas… Cristo nos dio el derecho al disfrute de la vida plena, a la paz, al gozo, a una comunidad equitativa y junto a esto la potestad de ser llamados: “Hijos de Dios” porque como dijo C.S. Lewis: “El hijo de Dios se hizo hombre para que los hombres sean llamados Hijos de Dios.”

Por tal razón creemos que el evangelio es inclusivo pues considera a todo el ser humano apto para la salvación y para ser merecedor, a través de la Fe en Jesús, de este divino nombre – DIVI FILIUS. Como nos dice el libro de Tito 2: 11: “La Gracia de Dios se manifestó para salvación a todos los hombres.”

Vivamos el evangelio, Vivamos en la Gracia Inclusiva, que no mira nombres, no mira apellidos, ni cuentas de bancos, mas bien mira un corazón y una fe que anhela avanzar hacia las promesas de Dios.

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