Mes: noviembre 2019

Gracia Irresistible

Vivimos en un mundo de apariencias, las personas son valoradas por sus posesiones, la calidad de sus imágenes en Instagram, la cantidad de seguidores y la imagen que proyectan, una cultura de envase donde es más importante el aparentar que el ser.

Es común escuchar en nuestras conversaciones cómo la gente se esfuerza cada día en lograr ser reconocidos y alcanzar posiciones de éxito con la finalidad de ser aceptados.

Algo muy parecido a lo experimentado por los fariseos cuando Jesús estuvo en la tierra, la vestidura de estos maestros religiosos se caracterizaba por su ostentosidad, un vocabulario que atraía a las masas y un concepto sobre sí mismos más alto del que debían tener.

En una ocasión, uno de estos maestros de las escrituras fue al templo a orar, y entre sus palabras exclamaba su autosuficiencia y superioridad frente a los otros “pecadores”, y al encontrarse con uno de ellos su actitud mostró desprecio e intolerancia.

“¿Cómo es posible tanto descaro? ¿Acaso puede un ser tan vil hablar con el Dios verdadero? ¿Por qué no es como yo, inmaculado e intachable? ¿Escuchará Dios las plegarias de este pecador?” Fueron sin duda los pensamientos que llegaron a su mente, la creencia de que un Dios santo tiene solo un pequeño grupo discriminado de personas entenebreció su entendimiento.

El publicano, de lejos, con temor de acercar su mirada a los cielos, elevó una oración que demostraba su dependencia y sus palabras fueron contadas por justicia. El Dios del universo exclamó una vez más que él escoge a lo vil y menospreciado para exaltar su grandeza, que no se trata de nosotros, se trata de Él.

¡Con cuánto amor nos ha amado el Padre! Que siendo inmundos nos santifica, nos muestra su gracia y prepara el camino a la salvación. Una gracia que no pone su mirada en las apariencias, se deleita en los corazones. Transforma la tristeza en alegría, el lamento en baile y hace sabio al sencillo.

Acércate con confianza ante el trono de la gracia, para encontrar misericordia y oportuno socorro. Él es quien corona tu cabeza de favores, quien unge tu cabeza con aceite, adereza mesas delante de ti y jamás te abandona.

Salmos 23:6

La bondad y el amor me seguirán

todos los días de mi vida;

y en la casa del Señor

habitaré para siempre.

¿Dejas que su gracia se manifieste sobre ti? ¡Recuerda que se trata de Él!

 

¿Queda espacio para Mí?

En el último siglo la tecnología ha sido de gran trascendencia, cambiando totalmente la forma en que vivimos, nos relacionamos y nos comunicamos. Es una realidad que vivimos en una sociedad y nos hemos convertido en una generación que depende de la tecnología totalmente.

La tecnología aumenta nuestra productividad, nos facilita el acceso a la información y nos facilita comunicarnos, pero es esta misma tecnología la cual nos ha convertido en una generación distraída.

Y sí, esa generación de la que hablo eres tú que estas leyendo, soy yo.

Según las estadísticas, en el 2018, el adulto promedio pasa 5.9 horas en medios digitales, dígase redes sociales, internet, y alrededor de 4 horas diarias en televisión.

Entonces pregunto…¿en un mundo donde se trabaja 8 horas al día, donde comprometemos nuestro tiempo libre a 9 horas de medios digitales y televisión, como cristianos ¿cuándo sacamos tiempo para Dios?

En un mundo de distracciones, el Señor nos pregunta, ¿queda espacio para Mi?

Se dice que “Lo que el enemigo no puede destruir, lo distrae”, y es una gran verdad. El enemigo no puede destruirnos, pero si cosas las cuales nosotros mismos permitimos que nos distraigan.

Así como sucede en el presente, la Biblia registra una historia similar de una chica que invita a Jesús a su casa, para luego distraerse con quehaceres.

Lucas 10:38-42

Jesús visita a Marta y María

38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.

39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.

40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres…

En esta historia Jesús visita a Marta, que a diferencia de María, sentada a los pies del Maestro, esta le abre la puerta al maestro, lo invita a su casa y luego se distrae con los quehaceres.

¿Por qué invitamos a Dios a nuestra casa, a nuestras vidas, para luego ignorarlo?

Entonces Marta, no solo se distrae, sino que se queja.

40…y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.

41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.

Así como Marta, muchas veces nos quejamos viendo las bendiciones de los demás y cuestionando porque no nos ocurren a nosotros. Pero te pregunto una vez más, ¿queda espacio para Él en tu vida?

Nos afanamos, nos turbamos porque constantemente cedemos el espacio necesario para Dios, para otras cosas.

42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada…

Seamos María en nuestra historia.

Su palabra dice que una sola cosa es necesaria. Como María, estar a sus pies, escucharlo, escuchar su palabra todos los días.

Un buen amigo siempre me dice que el cielo está lleno de oraciones contestadas que simplemente allí se quedan. No porque Dios no quiera entregárnoslas, pero porque nosotros simplemente no las pedimos, no nos comunicamos con Él.

No permitamos que nuestros momentos de oración, nuestros momentos de intimidad con Dios, sean un tiempo que “nos sobre”, o “solo cuando lo necesites”. Lo necesitamos siempre. Dejemos de afanarnos, de distraernos, que sin darnos cuenta esto nos irá destruyendo poco a poco.

¿Realmente necesitas 6 horas diarias de medios digitales?

¿Qué están haciendo esas 4 horas de televisión diarias para tu vida?

Como dice su palabra, María eligió bien, ese bien no se le será quitado, dígase que es un privilegio estar sentados a los pies del maestro.

Dios ha acercado su trono para alcanzarnos, así como María escojamos la buena parte.

Una dedicación ejemplar

Hechos 20:24

“Pero mi vida no vale nada para mí a menos que la use para terminar la tarea que me asignó el Señor Jesús, la tarea de contarles a otros la Buena Noticia acerca de la maravillosa gracia de Dios.”

Pablo era siempre un entusiasta en todo lo que hacía, empleando todo su esfuerzo en todas las cosas las cuales se proponía. Pablo era una persona estudiada que conocía bien la palabra, la ponía en práctica y creía que su vida antes de conocer a Cristo estaba “bien”, porque eso era a lo que había sido llamado.

Luego de conocer a Cristo, Pablo fue hecho el gran apóstol de la iglesia empleando ese mismo esfuerzo que mencionaba antes, en todo ámbito de su vida. Este daba lo mejor de sí todo el tiempo, para hacer las cosas con el mayor empeño posible. Pablo dice que su vida no valía absolutamente nada a menos que sea para cumplir lo que se ha propuesto.

En nuestra vida, muchas veces, desmayamos en todo o en cosas que creemos que queríamos.

Toda mi vida he sido un entusiasta del deporte, y por lo tanto, he practicado muchos de ellos desde el baseball, fútbol, pero en todos esos años nunca he destacado mucho en ninguno de ellos. Pero hace unos años, conocí el baloncesto y  este se ha convertido en uno de mis grandes amores. De tanto practicarlo, durante todos estos años, he tenido fracturas en ambos codos, en fin, he sido lastimado en gran manera, ¿pero por qué digo esto? Antes todas estas situaciones no he desmayado y me he esforzado a hacer las cosas de la manera correcta para llegar a donde quiero y practicar el deporte que amo.

¿Pero con Cristo es igual?

¿Nos empeñamos en tal manera para cumplir?

¿Cuándo fue la última vez que le hablamos a alguien de Cristo?

¿Cuándo fue la última vez que dejamos de hacer algo por Cristo porque nos cansamos o aburrimos?

¿Seguimos nuestra carrera por alguien más o porque así lo queremos?

Debemos de cumplir con el llamado de Cristo pero teniendo el empeño que Pablo le ponía. Este se esforzaba a cumplir todo por la causa de Cristo, y esto solo era logrado por su ánimo y el entusiasmo que este le dedicaba.

Dejemos de estar poniendo excusas y démosle “banda” a la vagancia y a “meter” mano porque el Señor nos exhorta que no desmayemos y que terminemos nuestra carrera con gozo.

En este momento les exhorto que sean imitadores de Pablo así como él lo fue de Cristo. Que ese empeño que Pablo le dedicaba a la obra, sea un ejemplo de todo lo que nos proponemos para Cristo para así poder cumplir de manera agradable y perfecta todo lo que el Señor nos pide.

Dios los bendiga.

 

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