Mes: junio 2021

RESURRECCIÓN EN UN MUNDO QUE MUERE

Guerras, enfermedades, escasez de recursos naturales y pobreza son los escenarios que últimamente nos ha tocado presenciar. ¿Cuánto vale la vida de un niño que nace en Estados Unidos? ¿Cuánto vale la vida de un niño de Gaza? No debemos responder la pregunta ante la fragilidad de una sociedad que se le ha vendado los ojos y no quiere ver la realidad.

El que era bueno ya no es tan bueno a no ser que él mismo cuente la historia. Esto no es nuevo, y es contraproducente que el mundo haya avanzado tanto en diversas áreas, pero sigue estancado en el egoísmo, la frialdad, la injustica y el odio.

Ante la evidente muerte de todo lo que vemos, se ha puesto la mirada en lo futuro, en la vida más allá de esta que se nos va, pero:

  • “¿Qué debo hacer para tener la vida eterna?” Preguntó un Maestro de la Ley a Jesús. – San Lucas 10:25 TLA

La respuesta es sencilla hasta que se pone en práctica, amar no es fácil y se complica aún más cuando nos toca amar al que la sociedad lo tilda de antagonista.

“Pero el maestro de la Ley no quedó satisfecho con la respuesta de Jesús, así que insistió:

—¿Y quién es mi prójimo?”- San Lucas 10:29 TLA

Jesús magistralmente cuenta una historia en donde el levita y el sacerdote, los 2 estándares morales ante el pueblo Judío son los malos de la trama. ¿Se imagina usted eso? En el campo dicen “se le cayó el santo del altar”

¿Qué sucede en nuestro mundo si un relato hace ver que la “mejor” gente obra mal y solo la “peor” persona obra bien? Usted tendrá de introducción un sinnúmero de oposiciones y posiblemente en algunos contextos le puede costar la vida, pero fue exactamente esto lo que hizo Jesús al contarle a una audiencia Judía del siglo I la parábola del Samaritano.

Hoy varios siglos después, el término “Buen Samaritano” no goza del significado que en su momento tuvo, hoy entendemos “Buen Samaritano” como una persona que hace algún bien a un extraño, sin embargo, en el Siglo I, decir “Buen Samaritano” era una paradoja, un oxímoron, algo parecido a decir “Circulo Cuadrado” si algo tenían claro los Judíos es que “Bueno” y “Samaritano” no podían coexistir.

 

De allí tenemos la famosa frase:

“La samaritana le dijo:

—¿Por qué me pides agua si tú eres judío y yo soy samaritana? Le dijo eso porque los judíos no se tratan con los samaritanos.”- San Juan 4:9 PDT

Así que llamarle Bueno al Samaritano ya era un desafío a la audiencia. Pero ¿Quién es el Samaritano hoy día? Samaritano es cualquier persona que haya sido considerado el malo por algún prejuicio social sin antes evaluar su conducta. Hoy día el desafío sigue vigente, el mundo se nos muere y nosotros aún no hemos extendido nuestra mano al Samaritano, porque en nuestro cuento el sigue siendo el malo, ¿Por qué? porque eso fue lo que nos contaron.

De modo que si queremos hablar de vida eterna es necesario responder correctamente la pregunta, y para responderla debemos despojarnos de los prejuicios sociales y de esas expectativas falsas que siempre se ha tenido, ¿Por qué sí salió algo bueno de Nazaret no puede salir algo bueno de Palestina? De modo que, no soy bueno por ser Levita, no soy malo por ser Samaritano, lo que define quien es el bueno en la historia es el que obra en bien, pues se nos ha dicho muchas veces: “Por sus frutos lo conocerán” y no he leído que sea por su apellido o nacionalidad.

Finalmente, todos en la historia vieron al necesitado, pero solo uno le rescató y fue el Samaritano, el desdichado y despojado tuvo compasión, y es que, cuando vemos el mundo desde los ojos del que sufre se aprecia mejor el horizonte porque en los ojos del que llora no hay paja que moleste.

“¿Cuál fue el prójimo del que fue maltratado por los ladrones?

 —El que se preocupó por él y lo cuidó —contestó el maestro de la Ley.

Jesús entonces le dijo:

—Anda y haz tú lo mismo.” – San Lucas 10:36-37 TLA

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