Reflexión

Es suficiente

En ocasiones estamos llorando por los motivos correctos pero le estamos llorando a las personas equivocadas en vez de presentarle nuestras peticiones a Dios.

1 Samuel 1: 8-10

8 Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?

9 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová,

10 ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente

En la vida llegan momentos en donde vemos que ya nuestras capacidades no son suficientes para cumplir una expectativa y  definitivamente esa es una sensación horrible. Ahí es cuando empezamos a dudar e incluso a llorar de la impotencia. Ya sea la ausencia de un ser querido, una desilusión o quizás una meta no alcanzada. Todos estos son motivos válidos para sentirse mal. Y una situación como está fue la que pasaba Ana, una mujer joven y hermosa, con un buen esposo, con el sueño de poder ser madre, pero no podía tener hijos.

Cada año cuando iba al templo de Silo con su esposo y su otra mujer, Penina, esta le recordaba el hecho de que no podía tener hijos y Ana lloraba en gran manera.

Hay una frase muy famosa que dice que la locura es hacer lo mismo, esperando resultados diferentes. Y al leer la reacción de Elcana a los llantos de Ana me imagino los años que tenía ella lamentándose. El motivo de llorar Ana era totalmente válido, no podía hacer absolutamente nada. Pero Ana estaba llorándole a la persona incorrecta.

Tal vez las palabras de Elcana (de esas que duelen a veces pero son ciertas) fueron la llamada de atención que ella necesitaba.

Y no fue hasta que la presionaron hasta el punto de ruptura, que se humilló y oró a Dios, dejó de llorarle a Elcan y fue a llevar sus penas a la persona correcta. 

A mí me chocó cuando leí esto, Ana creyó al punto de que le regresó el apetito, ¡ya le daba hambre, y andaba cantando! ¿Y qué pasó? ¡Al cabo de unos meses llegó Samuel! ¡¡Llegó el milagro!!

Ella consideró a su hijo un regalo de Dios. Ella pidió un hijo y Ana decidió devolverle este niño al Señor.

Lo curioso es que solo después de que ella entrega a Samuel, es capaz de concebir más hijos. ¿Será que Ana experimentó una retención de bendiciones? ¿Le faltó fe durante tantos años de lloro y lloro? Sea lo que sea, Ana tomó la decisión de humillarse y creer en Dios y depositar su confianza en la Paz de Dios. Y Dios recompensa tal fe.

¿Estás pasando por alguna esterilidad en algún ámbito de tu vida?

¿Renunciarías a tu hijo, a tu milagro, como lo hizo Ana? Si no, ¿qué te está impidiendo rendirte totalmente a Dios?

No tienes que llenar el silencio dejado en la ausencia de otra persona. No tienes que saber todos los por qué y todos los qué hubiese pasado si esto o aquello. Lo que tenemos que hacer es confiar. Entonces, en humildad, tomar la decisión de confiar en la voluntad de Dios, no por las bendiciones que puedan venir, sino porque Él es Dios, Él es soberano y Él es suficiente. Debemos dejarnos envolver en Su paz, dejando las preocupaciones, en Su presencia y decir: «Dios, yo quiero menguar, para que crezcas tú.”

Ten paz.

Filipenses 4:6-7

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”

Dios te bendiga. Recuerda, Dios es Suficiente.

Ingeniera Industrial egresada de INTEC. Colaboradora en MPC desde 2015. Dibuja en su tiempo libre. Jesús cambió su lamento en baile.

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