Reflexión

¿Y si…?

Pase lo que pase, DIOS sigue siendo DIOS, Él sigue siendo REY, Él sigue siendo Mi Padre y Él me sigue amando. Nada ni nadie me podrá separar de Su amor.

Genesis 3:1

Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: “No comeréis de ningún árbol del huerto”?

“¿Y si toda la verdad que han descubierto resulta ser toda una falsa?” Sí, suena como ese tipo de preguntas que antecede un giro inesperado a tu serie de Netflix favorita. Y aunque suene de película, ciertamente hay preguntas que ponen en tela de juicio todo lo que hemos aprendido, conocido y entendido. Preguntas que pueden hacernos dudar, no solo de un dato en sí, sino de quiénes nos enseñaron y llevaron a creer en ese dato.

En el caso de Genesis 3, la serpiente inicia su tentación con una pregunta engañosa que provocó que Adán y Eva dudarán, no solo de lo que Dios había dicho, sino también de Dios mismo.

Cuando Abraham recibió la noticia de que en un año tendría un bebé en sus manos, Sara cuestionó tanto si siendo ella tan vieja podría concebir, que hasta se rio pensando en lo “absurdo” de esa idea, a lo cual Dios le responde: “¿Hay algo demasiado difícil para el SEÑOR?” (Génesis 18:10-15)

Así como Sara podemos tener promesas que nos pueden parecer absurdas al considerar la dificultad de que se cumplan las mismas, haciéndonos dudar no solo del hecho en sí sino de Aquel que prometió.

Al enfrentar la disyuntiva entre creyentes que aprobaban comer de todo y creyentes que solo comían legumbres, el apóstol Pablo enseñó: La fe que tú tienes, tenla conforme a tu propia convicción delante de Dios. Dichoso el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. Pero el que duda, si come se condena, porque no lo hace por fe; y todo lo que no procede de fe, es pecado. (Romanos 14:22-23)

Dudar es de humanos, tanto de creyentes como de no creyentes. Todos luchamos con las dudas, todos nos hacemos preguntas, ya que no lo sabemos todo: Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios, más las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley. (Deuteronomio 29:29)

Hay cosas que se nos revelan con un propósito específico, así que nuestro verdadero problema no está en las dudas, sino cuando dejamos de creer en aquello que ya se nos ha sido revelado y dejamos de practicar, obedecer y guardar Su Palabra.

Jesús, el Mesías prometido, vino a este mundo y cumplió todo lo que de Él se había prometido y profetizado, desde la simiente de la mujer que heriría en la cabeza a la serpiente (Genesis 3:15), hasta la resurrección de Cristo al tercer día (Juan 2:19-22). Dios nos ha demostrado ser Fiel, Justo, Verdadero y Digno de confianza, que, aunque nosotros seamos infieles, Él permanece Fiel, pues no puede negarse a sí mismo. (2 Timoteo 2:13)

Cuando tenga dudas, en vez de preguntarme “¿Y si fracaso? ¿Y si pierdo aquello que tanto nos importa?”. Mejor pregunto “¿Y qué si pierdo mis posesiones, mis seres queridos, mi salud y aún mi propia vida con tal de obedecerle, serle fiel y seguirle a Él?” (Lucas 14:26-27) En vez de dejar que mis dudas y temores obstaculicen mi obediencia, mejor es recordar cada una de las promesas que Dios ha cumplido, Su misericordia, fidelidad y amor inagotable.

Pastor de jóvenes en el Ministerio Apostólico y Profético La Casa del Padre en Hato Mayor, felizmente casado con mi esposa Lucy y se desempeña profesionalmente como ingeniero eléctrico.

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