Reflexión

Ponlo a mi cuenta

Nuestra relación íntima con Dios se refleja en acción con nuestros semejantes, ya que esto no es solo una idea, sino algo que vives.

Filemón 1: 16-18

16 no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor.

17 Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo.

18 Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta.

Recuerdo cuando niña me trasladaba a casa de mi madre algunos fines de semana, donde podía compartir con mis hermanos más pequeños. Una tarde, mi hermano salió a jugar con sus amigos del vecindario y por algunas diferencias con uno de ellos, estuvieron discutiendo muy fuerte al punto de ser golpeado, yo miraba desde la ventana del apartamento y no vacilé en ir corriendo para ayudarlo e interceder por mi hermano en ese momento. El niño que le golpeó, unas horas más tarde, se acerca para pedir disculpas por lo sucedido porque queria continuar jugando con el grupo y ¡bastante rápida fue la reconciliación!, no dudamos de recibirlo en el grupo y continuar compartiendo como si no hubiera sucedido la discusión.

Hoy, siendo adultos, cuando se presentan estas situaciones, de tener algunas diferencias con un hermano, un amigo, y ser lastimados, podemos durar años sin hablarnos, haciéndonos presos del pecado, que muy fácil pudiera pasar inadvertido y sutílmente encadenarnos a lo que llamamos “emociones negativas” que van creciendo dentro de nosotros, tales como el resentimiento y el orgullo.

El apóstol Pablo en el pasaje de hoy nos ilustra un comportamiento contrario a lo que naturalmente haríamos, su compasión por Onésimo, un esclavo de Filemón en la ciudad de Colosas, que este pasaje no específica cual fue su error, pero la magnitud del problema los llevó a dividirse. Tiempo más tarde, Pablo se convierte no solo en  testigo fiel del cambio de Onésimo por haber creído en Jesucristo sino también en su mentor  y no vaciló en interceder por él ante Filemón, no solo para que le perdonara, sino para que le recibiera nuevamente, ya no como esclavo, sino como un hermano en la fe. Esta clase de libertad no se limita a lo físico, mas bien trasciende a lo que podía impedirle un disfrute mayor de vivir en comunión con su creador y con sus semejantes.

Pablo dice a Filemon: «Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta», lo mismo que hizo Cristo por nosotros, ahora lo hace Pablo por Onésimo. Pablo fue movido a compasión,  haciendo a un lado la enemistad que hubo entre ellos y colocando en primer lugar el valor intrínseco que ahora les une, la fe en Cristo Jesús, que le convierte más que un mero prójimo, en un hermano.

Ser perdonada por Cristo de todos mis errores y maldades, cada día me hace reconocer la necesidad de gracia y compasión que tienen también los demás, incluyendo a esos que tal vez no me agradan tanto o me causaron daño, es díficil llevarlo a la práctica, lo sé, pero cuando rendimos nuestra voluntad a Dios, y déjamos que su palabra confronte y transforme nuestra mente, experimentamos no una ilusión de libertad, sino real, una libertad que no es egoísta sino que se comparte.

Siempre llevo conmigo y atesoro lo que una vez leí de un escritor y teólogo llamado G.K. Chesterton que dice: “La Biblia nos enseña que debemos amar a nuestro prójimo y también a nuestros enemigos, probablemente porque ellos, en general, son la misma persona” –  sobre todo, Jesús, nos enseñó que si hacemos todas estas cosas conoceremos que somos verdaderamente sus discípulos.

El que ha sido libertado por Cristo, abogará la libertad para otros, el que ha recibido paz, compartirá paz a otros, el que tiene el amor de Dios, mostrará amor a otros, el que ha recibido misericordia del Señor, extenderá misericordia a otros, sin distinción. Nuestra relación íntima con Dios se refleja en acción con nuestros semejantes, ya que esto no es solo una idea, sino algo que vives.

¿Cómo has podido reflejar el amor de Dios a las personas en estos tiempos de tanta necesidad? ¿Hay alguien a quién debas extender tu mano? 

Filemón 1:6

Pido a Dios que pongas en práctica la generosidad que proviene de tu fe a medida que comprendes y vives todo lo bueno que tenemos en Cristo.

Colosenses 3:12-14

Dado que Dios los eligió para que sean su pueblo santo y amado por él, ustedes tienen que vestirse de tierna compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia. Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros. Sobre todo, vístanse de amor, lo cual nos une a todos en perfecta armonía.

Te invito a que hoy reflexionemos sobre estas palabras y pongamos en acción el amor por el prójimo, sobre todo a nuestros hermanos en la fe. Demos por gracia lo que por gracia hemos recibido del Señor Jesús.

Líder juvenil y Encargada del Departamento de Fortalecimiento - Gestión Humana de Ministerio Para Cristo

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