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Libres del Pecado

Al igual que los judíos, todos nosotros también somos o hemos sido esclavos del pecado… y solo hay una forma de ser libre.

Desde la caída del hombre en el Jardín del Edén, (Génesis 3) el ser humano en su codicia y autosuficiencia se ha corrompido y deshumanizado para ser dios mismo sobre otros, apoderándose de los bienes ajenos y de los derechos de los demás. La necesidad del diluvio (Génesis 6:5-7) hizo evidente el profundo dolor que le provoca a Dios tanta maldad.

Luego del diluvio, la humanidad sigue corrompiéndose, así que Dios escoge a Abraham para, por medio de él y su familia, formar una nación verdaderamente humana, compasiva y temerosa de Dios. Esta nación llamada Israel debía ser una nación santa, un reino de sacerdotes que reflejen la imagen y semejanza de Dios en esta tierra. (Éxodo 19:6)

Para lograr este objetivo, Dios le entrega Su ley divina al líder principal de Israel en su momento (Moisés), en una montaña santa llamada Sinaí. Aquella ley que hizo que todo el que la guardara y obedeciera, se pareciese verdaderamente a Dios, lo representara y reflejara su imagen y semejanza. (Éxodo 19-40)

A pesar de todo, Israel a lo largo de su historia tiene momentos de obediencia y fidelidad a Dios y otros de corrupción e infidelidad. Es tanta la infidelidad que Dios tiene que permitir que otras naciones la asedien y hasta casi la destruyan por completo.

Muchos siglos después de Moisés, Jesús vino a cumplir la ley, y a enseñar y modelar el Camino y Estándar Perfecto a seguir. El Camino donde se debe amar a nuestros enemigos, perdonar a los que nos ofenden, poner la otra mejilla, dejar la capa y cargar la milla extra. El Camino de compasión, misericordia, empatía, honestidad, integridad y justicia. (Mateo 5)

Jesús identifica que la razón por la cual Israel, a pesar de ser educado e instruido con la ley entregada en el Sinaí, se mantenía constantemente en su corrupción, infidelidad y perversidad, era por ser esclavos del pecado.

Juan 8:30-37 (NBLA)

Al hablar estas cosas, muchos creyeron en Él.

Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: «Si ustedes permanecen en Mi palabra, verdaderamente son Mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». Ellos le contestaron: «Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices Tú: “Serán libres”?».

Jesús les respondió: «En verdad les digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre. Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres. Sé que ustedes son descendientes de Abraham; y sin embargo, me quieren matar porque Mi palabra no tiene aceptación en ustedes».

Evidentemente, los judíos creían ser libres por ser descendientes de Abraham y no haber sido esclavos de otros hombres. Sin embargo, Jesús reconoce que el amo a quien le sirven y quien los gobierna es el pecado. Jesús lo demuestra al exponer que a pesar de ser descendientes de Abraham, lo quieren matar porque ni siquiera aceptan Su palabra.

“Todo el que comete pecado” también nos incluye a nosotros en la actualidad. Al igual que Israel, todos nosotros también somos o hemos sido esclavos del pecado.

En la antigüedad, las familias tenían esclavos que servían a un amo o patrón; y éstos eran considerados como miembros de la familia. Por supuesto, nunca miembros permanentes porque un esclavo podía ser vendido a otra familia o ser liberado.

Sin embargo, Jesús resalta una diferencia principal entre un hijo y un esclavo: la permanencia.

Un esclavo sirve a su amo por supervivencia, para que no lo maten, y a veces por un salario. Un hijo sirve a su padre y a su familia, con la mentalidad de que él siempre pertenecerá a esa familia. Por tanto, la motivación por la que sirve es diferente, sirve porque en esa familia tiene identidad y propósito, sirve para llevar en alto el nombre de su familia, para representar fielmente a su padre y enorgullecer a su madre.

Proverbios 10:1

El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza para su madre.

Jesús enseña que la verdadera libertad solo se puede alcanzar si el Hijo (Jesús) nos hace libres, cuando nos saca de la esclavitud del pecado para convertirnos en hijos de Dios. Que la única forma de volver al Diseño Original, que la única forma de volver a parecernos a Dios es volver al Diseño del Hijo, porque la naturaleza del hijo es la de representar y reflejar la imagen y semejanza de su padre.

No fueron suficientes un diluvio mortal que inundó toda la tierra ni un compendio de 613 mandamientos entregados en el Sinaí, era necesario un cambio de naturaleza, que nuestro viejo hombre fuera crucificado con Cristo, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado. (Romanos 6:6)

Si Jesús no hubiese derramado su sangre y sudor, sino hubiese sido azotado, torturado, humillado, escupido, burlado, golpeado y crucificado, para cargar con el castigo de nuestros pecados y pagar el precio de nuestra redención y liberación, todavía estuviéramos en deuda y esclavizados al pecado.

Romanos 7:24-25a

¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? 25 Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro

Romanos 6:10-11 NBV

Cuando Cristo murió, murió de una vez por todas al poder del pecado; pero ahora vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos a la vieja naturaleza pecadora, y vivan para Dios unidos a Cristo Jesúsnuestro Señor

Ahora que somos libres, lo mejor que podemos hacer es vivir para Dios unidos a Cristo Jesús nuestro Señor.

Pastor de jóvenes en el Ministerio Apostólico y Profético La Casa del Padre en Hato Mayor, felizmente casado con mi esposa Lucy y se desempeña profesionalmente como ingeniero eléctrico.

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