Invitación Testimonio

¿Mis cualidades?¿mis fuerzas?

Permite que aquel que te ha sustentado en el en desierto te capacite para hacer esas cosas que van más allá de este mundo.

Juan 15:16

No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre.

Siempre me he visto como una persona normal. Aunque en mi vida he asumido retos que me han dejado quizás en un momento sin aliento, sin fuerzas, otros también he pensado rendirme. Pero llega un momento en el que  me pregunté: ¿Estos retos son para mí?

Ver la muerte de mi padre, ver cómo mi casa se derrumbaba, cómo la gente me decía en ese momento, «no llores tu eres la fortaleza de tu madre y de tus hermanos», ver cómo personas que te decían tienes que hacer esto o aquello, tu familia depende de ti, en fin palabras… que me chocaban, ya que solo eran eso, palabras.

Muchos en ese momento difícil me aconsejaron en cómo deberías hacer las cosas. Y muchas veces siendo joven y acabando de perder un ser querido, escuchar a personas aconsejandote o diciendo qué hacer, cómo muchas veces no queremos escuchar a nadie. Al contrario, recibimos estos consejos como con furia, por cosas que no tienen explicación ni sentido en ese momento, pero que nos llevan a la rebeldía y a correr en contra de todo lo que nos quieren decir.

Pero en esa rebeldía descubrimos y nos empezamos a preguntar, ¿de qué somos capaces?

En situaciones difíciles te pregunto, ¿De qué eres capaz? ¿eres capaz de superarte o de quedarte en la misma situación?, ¿de ser perdición para los que te rodean o de ser bendición?, ¿acaso escuchas y retienes lo bueno que te están aconsejando?, ¿acaso glorificas a Dios con lo que te está pasando?

Mi testimonio me enseña que Dios no desampara a quienes escuchan Su voz y esto es lo que pasa que en esos momentos de dificultad. Es ahí donde Dios me habló y me dijo que fuese fortaleza para mi familia. «Sé fuerte que ahí estoy yo contigo». Y quizás no lo entendí en el momento, pero Dios renovó cada uno de mis pensamientos y los reemplazó por lo siguiente: «Sé fuerte». Y aunque me olvide de esa palabra y me encerré en mis dificultades, un día llego nuevamente esta palabra:

Jeremías 31:3

Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.

Y quizás te preguntes si yo era cristiano en ese tiempo y mi respuesta es no, no lo era. Pero en medio de la prueba Dios me salvo a mí y a mi familia de mis pensamientos y actos rebeldes.

Además de salvarnos, además de restaurarnos, Dios nos capacita, así lo hizo conmigo. Además de muchos consejos necesarios en esos momentos de dificultad, también escuchas las voces que decían también que no lo lograrías, o que no perdurarías, que sería imposible salir adelante, pero luego Dios vuelve y te recuerda que no es con tus propias fuerzas.

En la Biblia vemos un sin número de personajes que no eran los más aptos para resolver ninguna de las situaciones por las que estaban pasando. Uno de mis favoritos es Moisés, un hombre que aunque puso excusas, aunque era tartamudo, fue preparado por Dios en su dificultad, y liberó a todo un pueblo de la esclavitud. Un hombre que pasó de vivir en un palacio con todas las comodidades, a vivir en el desierto, lejos de su familia.

Con este ejemplo te recuerdo que no es que tengas las cualidades, es que Dios te capacita. Quizás muchas veces le ponemos todos los peros del mundo a Dios, ya sea para aceptarlo en tu vida, dejar que Él trabaje, que modifique tus incapacidades, o muchas veces es que ya lo conoces y no lo has buscado lo suficiente para avanzar y crecer hacia lo que Él quiere para ti. Su propósito perfecto en ti.

Te invito a que dejes al Dios que creó todo, aquel que te creó, que te dio nombre, que extendió su misericordia, ese que murió en la cruz del calvario por ti y por mí, y aquel que te ha sustentado en el en desierto te capacite para hacer esas cosas que van más allá de este mundo, esas cosas que son eternas y que no se ven pero que traen un mayor y eterno peso de gloria. ¡Vamos! es tiempo de escuchar la voz de Dios.

2 Corintios 4:17

Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;

Job 42:2-6

Yo conozco que todo lo puedes,
Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.

¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?
Por tanto, yo hablaba lo que no entendía;
Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.

Oye, te ruego, y hablaré;
Te preguntaré, y tú me enseñarás.

De oídas te había oído;
Mas ahora mis ojos te ven.

Por tanto me aborrezco,
Y me arrepiento en polvo y ceniza.

Estudiante de ingeniería civil en la UASD. Encargado de evangelismo de la célula de la UASD y del Ministerio de alabanza de su iglesia.

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