Invitación Testimonio

Un Corazón Dividido

Aún en un mundo de pandemias, de muerte, de aflicciones, cambiemos ese corazón divido, por un corazón completo para nuestro Dios.

1 Pedro 5:7

Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

Recuerdo la primera vez que escuché y entendí la palabra ansiedad. Tenía alrededor de 13 años y en la escuela estudiábamos las emociones. Recuerdo a un compañero acercarse a mí, con uno de los gráficos que representaba una las emociones y me dijo: «Mira, igualita a ti.»

Mi primera reacción fue la de rechazo. «No, esa no soy yo, no es verdad que yo me preocupo tanto», y que coincidencia que mientras decía estas palabras ya la preocupación por esta simple situación había iniciado en mí. Y lo que fue una emoción desconocida para mí en ese momento, prontamente se hizo bastante real durante toda mi adolescencia.

La realidad es que muchas veces conocemos todos los versículos, conocemos todas las historias, de cómo Dios protegía, salva, cuida, viste, provee, etc. Y aún así a pesar de saber lo que era esta emoción a la luz de la Palabra de Dios, encontraba aún en mí un corazón ansioso, un corazón afanoso, un corazón dividido.

Un corazón que conociendo y sabiendo que el Señor es mi Pastor y nada me faltará, aún sentía miedo.

Un corazón que de conocimiento sabía que Él es el Proveedor, temía.

2 Timoteo 1:7-9

7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

8 Por tanto, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, prisionero suyo, sino participa conmigo en las aflicciones por el evangelio, según el poder de Dios,

9 quien nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según nuestras obras, sino según su propósito y según la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad.

Pero todo cambia cuanto entendemos que su Espíritu Santo, aquel que recibimos cuando conocemos y entregamos nuestra vida a Jesús, no es un Espíritu que nos da cobardía, ni ansiedad, ni temor, es un Espíritu de poder, de amor, de dominio propio, para así como Pablo escribía no nos avergoncemos del evangelio, de las aflicciones que estas puedan causarnos.

No tengamos más un corazón afanoso, sino uno que entiende que nuestro Dios cuida de nuestras vidas, que por su gracia, conforme a que nos ha hecho sus hijos, a que hemos puesto su mirada en Él, estaremos para siempre con nuestro Creador.

Aún en un mundo de pandemias, de muerte, de aflicciones, cambiemos ese corazón divido, por un corazón completo para nuestro Dios. Un corazón que confía completamente en que  aún en la incertidumbre, aún en el miedo, y aún en la escasez, Él es fiel.

 

Arquitecta de profesión. Asistente del Departamento de Logística del Ministerio para Cristo y encargada del proyecto #MPCBloguea. Me apasiona Cristo, el arte, el té y la buena compañía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll to top