Reflexión

La compasión cristiana cuesta, pero es necesaria

Somos la luz del mundo, pero no brillaremos estando escondidos. No importa lo que te cueste ser compasivo, deja brillar esa luz de Cristo mostrando su amor para con el mundo.

Desmotivado, sin fuerzas, desnutrido y mal oliente… Así anda un joven de escasos recursos, con 19 años, concurriendo por una de las intersecciones más reconocidas de la capital. Unos días lo ves acercándose a los carros mientras el semáforo está rojo para limpiar vidrios. Otros días simplemente lo ves sentado en la acera al mediodía, con sus labios blancuzcos debido a una gran sed, y con su mano en la barriga, como si eso calmase el dolor que tiene causado por la falta de ingesta de alimentos desde hace ya varios días.

Casi siempre que salgo a la calle veo este y muchísimos casos más, de personas, tanto niños como ancianos, que según lo que puedo percibir no les queda de otra que pedir o hacer algún tipo de trabajo ambulante que al menos le genere 100 pesos dominicanos al día.

Y sí, así como tú que me lees alguna vez te has preguntado, cada vez que me choco con una persona que me pide dinero, ya sea por algo que yo no pedí que me hicieran (limpiarme los vidrios del vehículo, por ejemplo) o simplemente me lo pide sin nada a cambio, también me he preguntado: «¿Cuáles serán las intenciones de esa persona con el dinero que pide? ¿Por qué esa persona no se busca un empleo, aunque sea uno simple? ¿De verdad necesitará mi dinero?»

A veces hasta dudamos de personas que son inválidas, que salen a las calles tratando de buscar algo de dinero para sobrevivir por el día. Y es evidente que no pueden valerse por sí mismos. No obstante, como nos hace falta un valor que nos caracteriza como humanos y cristianos lastimosamente hacemos caso omiso a esa persona que necesita luz en medio de la gran oscuridad que arropa sus vidas.

La carencia de compasión y afecto por el prójimo nos han llevado a actuar como desinteresados por la condición de personas con graves dificultades en distintas áreas de sus vidas. La sociedad cada día más pierde su humanidad y la Iglesia de Cristo no se puede dar el lujo de perder su norte, de olvidar su identidad en nuestro Señor Jesucristo.

La Palabra de Dios nos hace un mandato en Zacarías 7:9-10 (NVI):

«Así dice el Señor Todopoderoso: Practiquen la justicia, y sean verdaderamente justos. Que haya bondad y compasión entre ustedes. No traten mal a las viudas ni a los huérfanos, ni a los inmigrantes ni a los pobres. No planeen en su corazón hacerles mal a los demás.»

 

Al leer esto, me surgen una serie de preguntas, las cuales deben ser contestadas por cada uno de nosotros como personas que queremos reflejar la luz y el amor de Cristo: ¿Por qué nos cuesta tanto ser compasivos? ¿Por qué nos gusta hacernos los indiferentes en medio del dolor y sufrimiento de los pobres e indefensos? ¿Qué podemos hacer para cambiar esta actitud dentro de las iglesias?

Si bien es cierto que la maldad de muchos ha hecho que nuestros corazones se enfríen, esto no es una razón absoluta por la cual tenemos que andar en las calles como si fuésemos personas desalmadas, o interesadas «sólo en lo que nos incumbe». A pesar de cómo se comporte el mundo, como cristianos tenemos que ser desprendidos con el necesitado. Pero ¿ cómo combatir a la indiferencia que nos rodea cuando vemos en la calle a alguien que necesita una ayuda o una palabra de aliento? Aquí están algunos consejos:

1. Asegurarnos de estar en comunión con el Espíritu Santo. No hay mejor forma de mostrar el amor de Dios al mundo que estando en una plena comunión con el Espíritu Santo. Si lo estamos, entonces seremos capaces de cultivar el fruto del Espíritu Santo, y este está lleno de virtudes, como lo establece Gálatas 5:22-23 (RVR1960): «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.»

2. Pedirle a Dios por sabiduría y discernimiento espiritual. Las decisiones que tomamos para todo lo que hacemos diariamente tienen que estar influenciadas por el Espíritu Santo. En las calles podremos encontrar cualquier tipo de personas, y definitivamente serán más aquellas personas que tienen algún tipo de artimaña o, peor, una mala intención. Por lo tanto, nosotros con el discernimiento que proviene de Dios podemos saber cómo actuar ante cualquier situación e impactar a esas vidas con la Palabra de Dios y la sabiduría que adquirimos a través de esta. «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» (Romanos 12:2, RVR1960).

3. La mayor ayuda que podemos brindar, son las buenas noticias del evangelio. Mencioné un poco de esto en el punto anterior, pero me gustaría abundar más. A veces creemos que este tipo de personas necesitan dinero o comida, pero en realidad lo que más necesitan es que les sea presentado al Cristo que adoramos y su hermoso Evangelio de salvación y arrepentimiento. No nos limitemos a las cosas terrenales. Seamos como Pedro y Juan, quienes se encontraron con un cojo en una de las puertas del templo, y éste les pidió limosna, pero Pedro y Juan le dieron algo más valioso, su sanidad por el poder de Jesús de Nazaret (Hechos 3:1-10).

Somos la luz del mundo, pero no brillaremos estando escondidos. No importa lo que te cueste ser compasivo, deja brillar esa luz de Cristo mostrando su amor para con el mundo. Total, si fuiste impactado por el Evangelio, fue por una muestra de amor, y de compasión.

 

 

 

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