Introducción

Más Allá del Sol

“SEÑOR Todopoderoso, mi Dios y Rey, hasta los pájaros han encontrado un hogar en tu templo. Hacen sus nidos cerca de tu altar y allí tienen su cría.”- Salmos 84:3

¿Quién espera nuestros buenos días cada mañana? ¿Quién se preocupa por nuestra llegada a casa? ¿Hay alguien que nos espera? La rutina de levantarnos tempranos por necesidad más que por capricho nos hace ser parte de ese ciclo sin final al que el Predicador en Eclesiastés le llama sin sentido y vano, nos lanza una pregunta retórica de esas que nos sacan las lágrimas no de alegría sino de tristeza.

“¿Qué provecho saca el trabajador de tanto trabajar?” -Eclesiastés 3:9

Para Eclesiastés todo el esfuerzo del hombre al final resulta ser en vano, pues no podrá cambiar su fin y, por si fuera poco, somos la única especie en saberlo. El hombre no tan solo sufre, sino que también conoce la raíz de su dolor.

Estamos en el horno de fuego, atados de manos ante un sistema que no vacila en fusilar al primer antagonista, y ante nuestra firmeza de no ceder a aceptar esta norma de vida como “palabra de Dios” o “Voluntad Divina”, se nos pregunta hoy día:

“¿Y qué dios será aquel que os libre de mis manos?”-Daniel 3:15

Fue la pregunta que lanzó el rey Nabucodonosor a unos jóvenes ilustres que habían sido esclavizados por Babilonia, es la misma pregunta que se lanza cuando nos vemos envuelto en desgracias que no parecen terminar. ¿Tendrán fin nuestras miserias?  ¿realmente alguien nos va a socorrer? En la Biblia varios hombres se encontraron en situaciones similares, situaciones en el que el sistema les oprimía, y ante esta situación que se ve manifestada en diferentes escenarios, encontramos un ingrediente en común, tanto el uno como el otro obtuvieron como bálsamo a sus males la misma respuesta.

David en una ocasión pregunta: “¿De dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda vendrá del SEÑOR” (Salmos 121:2)  y Asaf angustiado por la injusticia de este mundo que no parecen terminar nos dice que: “¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra” (Salmos 73:25) Ambos entendieron que la solución a nuestros problemas no viene de la tierra sino del cielo y es allí donde encuentro aquella pregunta retórica que hace Pedro en la cual veo reflejado a cada ser humano que sufre y no encuentra consuelo: “¿A quién iríamos?” (San Juan 6:8a) Es la respuesta que se escucha tras las puertas de una casa humilde que no sabe a donde ir a buscar trabajo, es lo que se dice cuando en la clínica se entrega a sus familiares un desahuciado sin esperanza, es ese horrible sentimiento de saber que te han pedido la casa por falta de pago, es esa pregunta que se lanza al aire en medio de un silencio ensordecedor.

¿Se tiene un lugar a donde ir? ¿Hay algún lugar donde nos esperan? ¡oh! Cuan dulce son las palabras que le siguen a esa pregunta que nos martiriza, Pedro continúa diciendo: “Sólo tus palabras dan vida eterna.” (San Juan 6:68b) ciertamente, como David, Asaf y Pedro, podemos afirmar que solo Jesús nos recibe de brazos abiertos a pesar de que no cumplamos con las exigencias de este sistema, solo en el Reino nos esperan, porque más allá del sol ya se nos hizo morada, más allá del sol hay un lugar donde nuestro esfuerzo no cayó al vació y nuestras lagrimas no llegaron al mar, más allá del sol hay un lugar cálido, donde solo allí las golondrinas de Bécquer logran descansar.

“SEÑOR Todopoderoso, mi Dios y Rey, hasta los pájaros han encontrado un hogar en tu templo. Hacen sus nidos cerca de tu altar y allí tienen su cría.”- Salmos 84:3

Ingeniero Civil por profesión y se la da en teólogo por vocación. Le encantan las historias pero sobre todo un buen café. Líder principal de Ministerio Para Cristo.

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