Compasión

Sión

El monte Sinaí en su momento llegó a representar el clímax de un pueblo que recién se convertía en nación. Tenia tierra, leyes y un Dios a quien servir. La descripción que se nos da en el libro de Éxodo resulta ser espeluznante puesto que el mismo pueblo sentía miedo de acercarse al monte. [1], incluso Moisés les advierte que:

“El pueblo no puede subir al monte Sinaí.” [2]

No obstante, es en este lugar que son dados los 10 mandamientos. El simbolismo que generó Sinaí entre aquella generación los llevó a desarrollar toda una teología prácticamente geográfica que se apoyaba en los diversos eventos que se contemplaron allí. Sinaí que también se le conoce como el Monte de Jehová [3] o Monte de Moisés (En árabe). Era el símbolo de una liberación conceptual que giraba en torno a la contemplación de una ley utópica dada por Yahveh.

A pesar de haber contemplado lo que ocurrió en aquel monte, hicieron lo malo delante de los ojos de Yahveh. El incumplimiento de la Ley había vuelto efímera aquella liberación de Egipto. Sinaí pasó de ser un evento de liberación a un evento de esclavitud. Hay en la historia Bíblica otro Monte, del cual se dice que:

“Es alto y magnífico; ¡toda la tierra se alegra al verlo! ¡El monte Sión, el monte santo, es la ciudad del gran Rey!” [4]

Ahora la teología gira en torno a Sión, que se ha convertido en sinónimo de esperanza, liberación y paz totalmente contrario a la idea de Babilonia de ser un sistema de Injusticia, esclavitud y guerras.

“Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos, y llorábamos al acordarnos de Sión” [5]

Era el sentimiento perenne de la época, lo que todo el mundo sentía cuando se despertaba. Todo el judío deportado en medio del cautiverio anhelaba llegar a Sión, los esclavos negros en los Estados Unidos vieron en Sión una patria que no les iba a oprimir ni a rechazar, de modo que Sión dejó de ser un lugar geográfico y se convirtió en símbolo universal del anhelo de los pueblos que carecen de justicia y andan errantes sin un norte al cual seguir.

El paralelismo que encontramos entre ambos montes nos lleva a cuestionarnos, ¿En qué monte estamos? Puesto que uno da hijos de esclavitud y otro hijos de libertad. La Biblia en relación con Sinaí nos dice que: “Ustedes no se han acercado a una montaña que se pueda tocar o que esté ardiendo en fuego; ni a oscuridad, tinieblas y tormenta” [6]

Recordándonos lo terrible de aquel momento, pero más adelante nos dice que: “Por el contrario, ustedes se han acercado al monte Sión” [7]

Al acercarnos a Sión vemos no una imagen espeluznante en el que el pueblo no se le permite subir sino una sangre que habla mejor que la de Abel y a un Jesús que nos recibe con los brazos abiertos, veo aun la imagen de una liberación permanente e inclusiva pues como dijo el Salmista:

“Sión, el gozo de toda la tierra.”[8]

[1] Éxodo 20:18 NVI

[2] Éxodo 19:23(a) NVI

[3] 1 Reyes 19:8

[4] Salmos 48:2 NTV

[5] Salmos 137:8 NVI

[6] Hebreos 12:18 NVI

[7] Hebreos 12:22 NVI

[8] Salmos 48:2 RVR60(a)

¡Ven y ve!

San juan 11: 33-36

33 Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió,

34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.

35 Jesús lloró.

36 dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.

Durante nuestra vida seremos invitados a muchísimos lugares. Cada invitación es distinta, hay algunas que cuando la recibimos nos alegran, porque posiblemente hemos estado esperando por un largo tiempo a ser convocados a formar parte de esa celebración, pero hay otras que cuando la recibimos parecen llegar para complicarnos la vida, porque empezamos a cuestionarnos cosas como: “¿De verdad tengo que ir?, ¿No puedo decir que no y ya?” y concluimos en un “Bueno, tendré que ir por compromiso”.

Pero hay otra clase de situación,  para la que armar esa lista de invitados es muy compleja, porque es bastante exclusiva y hablo de invitar a la gente a pasar a nuestro corazón, darles ese acceso a que nos conozcan mas allá de nuestra cara feliz de Instagram  y nos vean tal cual somos, con nuestra felicidad, pero también nuestra tristeza, con nuestra pasión por lo que hacemos pero también podrán ver nuestro desánimo y falta de fe cuando las cosas no salen bien, incluso ellos verán cuando la agonía es tanta que el corazón no puede expresar con palabras el dolor que siente, cuando el sufrimiento es demasiado y solo queda sentarnos a llorar.

Y fue en un momento así de difícil que María y Martha luego de haber perdido a su hermano Lázaro, estando profundamente triste, hacen lo que posiblemente fue la invitación más importante de toda su vida,  Dice San Juan 11, que Jesús a parte de que también amaba a Lázaro, las vió a ellas llorando y se conmovió por su situación y les preguntó “¿Donde le pusiste?” y ellas le dijeron “ Señor, ven y ve” Definitivamente esta no era una fiesta, ni el momento mas feliz de su vida, era al sufrimiento mismo que ellas estaban invitado a Jesús  a ir y ver, porque al parecer explicarlo con palabras o que Jesús vea la situación de lejos,  no les iba a funcionar, sino mas bien, tenían que invitarlo a que él mismo viera de cerca con sus propios ojos, a su hermano muerto en una tumba.

Sin embargo, el detalle con las invitaciones es que quien la recibe puede decir “Sí o no” y Jesús a María y a Martha les dijo “Sí”, les aceptó la invitación, de la misma manera en la que él definitivamente va a aceptar la tuya cuantas veces en esta vida te sea necesario, si le pides que venga y vea tu dolor, tus penas, y sufrimientos. Y estoy segura de que contigo le pasará lo mismo que dice en San Juan 11: 38 que le pasó con ellas “Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro”

Jesús aceptó y lloró con ellas, las acompañó y estuvo ahí durante todo el evento de su desesperanza. Elevó un clamor por ellas y realizó el milagro de la resurrección de Lázaro. Si este se quedó al lado de ellas hasta que todo pasó,  me queda muy claro que Jesús es la clase de amigo que se quedará por siempre contigo y conmigo, hasta el final.

Mateo 28:20

“Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

 

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