Evangelio

LA PREGUNTA

Vivimos en un mundo donde las opiniones abundan y los resultados carecen. Todos tienen algo que decir, pero pocos han decidido hacer algo. Así de simple, las personas sueñan con cambiar el mundo, pero no en cambiarse a ellas mismas, es un mundo lleno de ironías porque se celebra la llegada a Marte, pero al parecer no se tiene la intención de llegar a comunidades vulnerables. Todo este enredo nos ha hecho ver que el problema nunca ha sido falta de alimentos, falta de recursos, falta de estructuras sino más bien la desigualdad de estos.

¿Por qué hay tanto y a la vez tan poco? ¿Por qué hay tanto y en tan pocas manos? Usted pudiese argumentar por horas extendidas acerca del problema, pero la realidad es, que lo que se quiere es una solución porque el estómago no se llena de razones.

Al ir a la Biblia, nos topamos con Jesús, quien en diversas situaciones alimentó comunidades que viven alrededor de plataformas que sostenían la economía, como es el caso del mar de Tiberias. ¿Cómo es posible que haya tanta gente pobre alrededor de un mar de progreso? ¿Cómo es posible que viviendo justo al lado de un rio la gente pueda morir de sed? ¿Cómo es posible que rodeado de personas nos sintamos solos? Ven lo irónico del mensaje, pero es en esa ironía que encontramos la solución, Dios, a los apóstoles, personas común y corriente, personas con necesidades, les dio la oportunidad de compartir lo poco que tenían con los muchos.

Es gracioso, porque primero Jesús cuestiona a Felipe el lugar en donde lo comprarán, “¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?”- San Juan 6:5 , luego cuanto gastaran, “Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco” -San Juan 6:7 para al final darse cuenta de que lo que necesitan está entre ellos, “Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos” -San Juan 6:9 (a).

¿No te ha pasado? Piensas que la respuesta a tu pregunta está allá fuera, a un nivel inalcanzable, pero Dios les muestra que la respuesta está más cerca de lo que parece.

El mensaje a este mundo lleno de preguntas y opiniones es que nosotros tenemos la respuesta, y está en la sinergia, en el compartir, en saber que lo mucho que tengo es de todos y lo poco que tienen también es mío.

La pregunta hoy día sigue vigente, como dijo Andrés: “¿Qué es esto para tanta gente?” – San Juan 6:9 (b) NVI ¿Será suficiente lo que tenemos?

Gracia Irresistible

Vivimos en un mundo de apariencias, las personas son valoradas por sus posesiones, la calidad de sus imágenes en Instagram, la cantidad de seguidores y la imagen que proyectan, una cultura de envase donde es más importante el aparentar que el ser.

Es común escuchar en nuestras conversaciones cómo la gente se esfuerza cada día en lograr ser reconocidos y alcanzar posiciones de éxito con la finalidad de ser aceptados.

Algo muy parecido a lo experimentado por los fariseos cuando Jesús estuvo en la tierra, la vestidura de estos maestros religiosos se caracterizaba por su ostentosidad, un vocabulario que atraía a las masas y un concepto sobre sí mismos más alto del que debían tener.

En una ocasión, uno de estos maestros de las escrituras fue al templo a orar, y entre sus palabras exclamaba su autosuficiencia y superioridad frente a los otros “pecadores”, y al encontrarse con uno de ellos su actitud mostró desprecio e intolerancia.

“¿Cómo es posible tanto descaro? ¿Acaso puede un ser tan vil hablar con el Dios verdadero? ¿Por qué no es como yo, inmaculado e intachable? ¿Escuchará Dios las plegarias de este pecador?” Fueron sin duda los pensamientos que llegaron a su mente, la creencia de que un Dios santo tiene solo un pequeño grupo discriminado de personas entenebreció su entendimiento.

El publicano, de lejos, con temor de acercar su mirada a los cielos, elevó una oración que demostraba su dependencia y sus palabras fueron contadas por justicia. El Dios del universo exclamó una vez más que él escoge a lo vil y menospreciado para exaltar su grandeza, que no se trata de nosotros, se trata de Él.

¡Con cuánto amor nos ha amado el Padre! Que siendo inmundos nos santifica, nos muestra su gracia y prepara el camino a la salvación. Una gracia que no pone su mirada en las apariencias, se deleita en los corazones. Transforma la tristeza en alegría, el lamento en baile y hace sabio al sencillo.

Acércate con confianza ante el trono de la gracia, para encontrar misericordia y oportuno socorro. Él es quien corona tu cabeza de favores, quien unge tu cabeza con aceite, adereza mesas delante de ti y jamás te abandona.

Salmos 23:6

La bondad y el amor me seguirán

todos los días de mi vida;

y en la casa del Señor

habitaré para siempre.

¿Dejas que su gracia se manifieste sobre ti? ¡Recuerda que se trata de Él!

 

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