Fe

Gracia

A lo largo de la historia siempre ha existido el exclusivismo, por eso vemos una familia por encima de otra, una jerarquía social que humilla a otra y un grupo selecto superior a los demás. Sin embargo, han sido tantas las veces que hemos presenciado esto que finalmente lo hemos aceptado como la norma.

Pareciera que ya no nos afecta saber que la sociedad no es equitativa ni tan siquiera justa y esta idea la hemos llevado a las instituciones, incluyendo a la iglesia. Cuando leemos en los evangelios aquel maravilloso texto que dice: “Les dio potestad de ser llamados hijos de Dios” se debe a que este título por mucho tiempo fue totalmente exclusivo no para a una nación, sino para una persona, a César, sobre quien aún el día de hoy podemos encontrar monedas del Siglo I con su imagen, que llevan la siguiente Inscripción: “DIVI FILIUS” (HIJO DE DIOS), era César y no otro, quien gozaba de este título que lo sobreponía por encima de la humanidad.

Esta norma de la sociedad cambia, cuando el inocente murió por los culpables y en vez de llevar una corona de oro la llevó de espinas… Cristo nos dio el derecho al disfrute de la vida plena, a la paz, al gozo, a una comunidad equitativa y junto a esto la potestad de ser llamados: “Hijos de Dios” porque como dijo C.S. Lewis: “El hijo de Dios se hizo hombre para que los hombres sean llamados Hijos de Dios.”

Por tal razón creemos que el evangelio es inclusivo pues considera a todo el ser humano apto para la salvación y para ser merecedor, a través de la Fe en Jesús, de este divino nombre – DIVI FILIUS. Como nos dice el libro de Tito 2: 11: “La Gracia de Dios se manifestó para salvación a todos los hombres.”

Vivamos el evangelio, Vivamos en la Gracia Inclusiva, que no mira nombres, no mira apellidos, ni cuentas de bancos, mas bien mira un corazón y una fe que anhela avanzar hacia las promesas de Dios.

Huellas Marcadas en el Camino

¿Sabías que según investigaciones científicas cada persona de manera particular da aproximadamente 7,000 pasos diarios?

No recuerdo la primera vez que di mi primer paso, pero si recuerdo que cuando estaba pequeña mis padres me tomaban de la mano y me guiaban hacia donde ellos iban.

Salmos 18:32

Dios es el que me ciñe de poder y quien hace perfecto mi camino.

Sé que tú, igual que yo, seguramente recordarás alguna anécdota similar de cuando pequeño, pero quiero que sepas que, así como mis padres me tomaban de la mano para guiarme, Dios también quiere que lo dejemos a él guiar nuestras huellas.

¿Por qué huellas y no pasos? Porque los pasos son simples desplazamientos, más las huellas son aquellas marcas que te identifican como persona, es el testimonio que dejas plasmado en el día a día de tu vida, y si en ese día a día dejas que Dios sea quien defina lo que va a suceder, cuando los demás se paren en el camino y vean tus huellas, notarán la diferencia, porque serán huellas selladas por la perfecta voluntad del Señor.

Isaías 55:8-9

8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.

9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Los caminos de Dios son diferentes a los nuestros porque mientras nosotros forjamos caminos con nuestros vanos y pasajeros deseos, El camino de Dios es un Camino de Santidad donde él nos alumbrará con su luz y nos mostrará su propósito dentro del mismo.

Proverbios 14:12

12 Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte.

El Salmista David en Salmos 18:32 entendía que el único que lo iba a ceñir de poder y hacer su camino perfecto era Dios y no él mismo a pesar de tener tanto poder como rey. En nuestra propia opinión creemos que estamos bien, que todo lo tenemos bajo control, hasta que todo se escapa de nuestras manos; caemos en depresión, no sabemos qué hacer o cómo solucionarlo ¿Sabes por qué? Porque desde un inicio no le permitimos a Dios entrar a nuestra vida para que guiara nuestros planes, nuestras decisiones y nuestra voluntad. Cuando dejamos que Dios actúe por nosotros, nos estamos sujetando a que sea Él quien haga con nosotros como le plazca ya que nuestra vida se la debemos a Él. Tal vez en el camino encontremos dificultades, grandes procesos y pruebas, pero el que nos guía es más grande que cualquier situación.

Una Parábola muy popular denominada “Las Huellas En La Arena” narra como un hombre soñaba que se veía en la orilla del mar caminando con Jesús y así observaba dos pares de huellas, y en un momento difícil de su vida vio un solo par de huellas. Él le preguntó: “¿Señor tú no prometiste que en las horas de aflicción andarías siempre conmigo?” y Jesús le contestó con tierna voz: “Siempre te amaré, y en tus horas de dolor siempre a tu lado estaré para mostrarte Mi Amor. Mas si ves solo dos huellas en la arena al caminar, y no ves las otras dos que se debieran notar, es que, en tu hora afligida, cuando flaquean tus pasos, no hay huellas de tus pisadas porque te llevo en Mis brazos».

Permítele a Dios que guie tus huellas para que las mismas sean un testimonio a los que te rodean de que en Dios está la vida eterna.

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