Fe

PROMESA

“Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.”[1]

El mundo avanza a velocidades increíbles, lo que ayer tomaba días hoy en unos cuantos segundos lo tenemos a la distancia de un mensaje de texto. Es grandioso lo que el ser humano ha logrado construir, esto se ve reflejado en todas nuestras áreas y entendemos que ya lo rápido, lo fácil, lo de pronto alcance es la norma de la sociedad. Hoy medimos nuestras decisiones en cuanto al tiempo.

¿En qué tiempo lo tienes? Solemos preguntar… Y si no cumple con nuestro horario, con nuestro programa, entonces buscamos otra opción que si se adecue. Así por igual muchas veces nos acercamos a Dios, con un reloj a nuestra disposición con un calendario en base a nuestros días, pero no debe ser así.

Manejar el tiempo es bien pagado en el área de proyectos, personas se ganan la vida sabiendo administrarlo de la mejor manera posible, porque se nos ha dicho muchas veces que el tiempo es dinero. No obstante, cuando se habla de promesas, de cosas que Dios nos dará, debemos entender que no será en nuestro tiempo sino en el Suyo.

“—Señor, ¿no crees que éste es un buen momento (tiempo) para que les des a los israelitas su propio rey?”[2]

Fue la última pregunta que se le hizo a Jesús, y miren que tiene que ver con tiempo, pero si nos fijamos en el verso 4 del mismo capítulo, Jesús les habla de que la promesa implica un tiempo de espera.

La preocupación nos visita cuando encasillamos a Dios en nuestra forma de ver el mundo. Este año nos ha mostrado que todo lo que el hombre ha avanzado es solo un castillo de naipes que puede ser derrumbado a una velocidad mayor de la que podemos manejar. Cuando Dios nos dice que esperemos la promesa, implica Fe, en una visión que será procesada. ¿Aquel que hizo el mundo en 6 días acaso no podrá cumplir su promesa en nosotros? Queda de nosotros esperar y creer que Dios es fiel incluso cuando entendamos que nuestro tiempo se está acabando, porque mientras esperemos en la promesa habrá una página en blanco esperando ser llenada por Dios, es por esto que el libro de Hechos no posee una conclusión como los demás libros, porque ha quedado abierto a las promesas que Dios hará y ha hecho en su iglesia, porque a todos se nos ha dicho la misma palabra: “Esperen la promesa” de modo que, como iglesia, esperemos juntos el día del Señor, amén.

“¿Quién ha oído algo parecido? ¿Quién ha visto algo semejante? Una nación no nace en un solo día. Un pueblo no surge de repente. En cambio, la ciudad de Jerusalén, sí nació en un día.”[3]

[1] Hechos 1:4 RVR60

[2] Hechos 1:6 TLA

[3] Isaías 66:7 TLA

FE

“¡Jerusalén, Jerusalén! Si llegara yo a olvidarte, ¡que la mano derecha se me seque! ¡Que me corten la lengua si por estar alegre dejo de pensar en ti!”[1]

Los israelitas habían sido lacerados por mucho tiempo y su Fe corría peligro de extinguirse. Este era el temor que imperaba en muchos profetas de la época que de alguna u otra forma buscaban hacer que la Fe trascienda a un plano en el que ningún ejercito pudiese hacerle daño.

Hasta ese momento la Fe era una fe condicionada, una Fe que dependía de un lugar; El mismo Salmos 137 nos detalla aquella pregunta que no tuvo respuesta: “¿Cómo cantar las canciones del Señor en una tierra extraña?”[2]  No se concebía una adoración fuera de Jerusalén, no se imaginaba una fe sin templo.

Pudiésemos pensar que ya hoy día no existe algo como tal, pero si algo nos ha enseñado esta pandemia es que muchos de nosotros dependíamos de un lugar, una Fe acomodada a una situación.

¿Cómo poder tener vida de iglesia si los templos permanecen cerrados? Eran de las preguntas que nos hacíamos y que aun hoy, muchos no han podido responder.  Cuando nuestra Fe depende de algo efímero, Dios se las arreglará para que nos demos cuenta de que esa Fe tiene tiempo de caducidad.

Dios nos está llamando a avanzar y esto implica Fe, una Fe que ve, escucha y desarrolla lo que ningún hombre ha alcanzado, por lo que nuestra única dependencia debe ser Dios y lo que ya él ha dicho.

En la serie anterior preguntábamos ¿Puede un esclavo ser feliz? Porque la felicidad en su definición depende de ciertas situaciones, la realidad es que, mientras nuestra felicidad dependa de algo fuera de Dios será ola en mar que viene y va.

El pueblo lacerado trascendió cuando su confianza dejó de estar en un rey, en una ciudad, en un templo, igual nosotros, trascenderemos cuando nuestra fe dependa únicamente de Dios.

“Los que confían en Dios son como el monte Sión, que nadie puede moverlo.”[3]

[1] Salmo 137:5-6 TLA

[2] Salmos 137:4 NVI

[3] Salmos 125:1 TLA

Gracia

A lo largo de la historia siempre ha existido el exclusivismo, por eso vemos una familia por encima de otra, una jerarquía social que humilla a otra y un grupo selecto superior a los demás. Sin embargo, han sido tantas las veces que hemos presenciado esto que finalmente lo hemos aceptado como la norma.

Pareciera que ya no nos afecta saber que la sociedad no es equitativa ni tan siquiera justa y esta idea la hemos llevado a las instituciones, incluyendo a la iglesia. Cuando leemos en los evangelios aquel maravilloso texto que dice: “Les dio potestad de ser llamados hijos de Dios” se debe a que este título por mucho tiempo fue totalmente exclusivo no para a una nación, sino para una persona, a César, sobre quien aún el día de hoy podemos encontrar monedas del Siglo I con su imagen, que llevan la siguiente Inscripción: “DIVI FILIUS” (HIJO DE DIOS), era César y no otro, quien gozaba de este título que lo sobreponía por encima de la humanidad.

Esta norma de la sociedad cambia, cuando el inocente murió por los culpables y en vez de llevar una corona de oro la llevó de espinas… Cristo nos dio el derecho al disfrute de la vida plena, a la paz, al gozo, a una comunidad equitativa y junto a esto la potestad de ser llamados: “Hijos de Dios” porque como dijo C.S. Lewis: “El hijo de Dios se hizo hombre para que los hombres sean llamados Hijos de Dios.”

Por tal razón creemos que el evangelio es inclusivo pues considera a todo el ser humano apto para la salvación y para ser merecedor, a través de la Fe en Jesús, de este divino nombre – DIVI FILIUS. Como nos dice el libro de Tito 2: 11: “La Gracia de Dios se manifestó para salvación a todos los hombres.”

Vivamos el evangelio, Vivamos en la Gracia Inclusiva, que no mira nombres, no mira apellidos, ni cuentas de bancos, mas bien mira un corazón y una fe que anhela avanzar hacia las promesas de Dios.

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