Gracia

Emmanuel

Sion había gozado de ser cetro de justicia y derecho para las naciones, pero tras la muerte del rey David el reinado iba en decadencia. Unos más que otros se apartaban de la ley dada en Horeb y de las directrices dadas por el fundador de la monarquía Davídica.

Aproximadamente en el siglo VIII A.C. Llegaba al reinado el Rey Uzías quien se encargó de administrar y dirigir la nación de Judá. Su vida desde sus inicios marcaba una trayectoria de trascendencia ya que a los dieciséis años inició su reinado tras remplazar a su padre Amasías el cual fue asesinado.

Toda una vida por delante tenia este grandioso joven que a temprana edad Dios le había dado la oportunidad de guiar a su pueblo.

Su reinado fue muy próspero ya que desarrolló en gran manera la agricultura y reconstruyó ciudades devolviéndole en gran parte territorio perdido a Judá. Al mismo tiempo era un tremendo estratega puesto que derrotó a los filisteos y los amonitas y los sometió al pago de tributos. Su gran fama y poderío se extendió incluso hasta la frontera con Egipto. El rey Uzías se había hecho muy popular en otros territorios, no obstante, su gran trascendencia lo llevó a ser un rey orgulloso a tal punto que invalido la Ley y le brotó lepra en la frente, esta enfermedad se fue extendiendo hasta que le fue imposible gobernar y eventualmente murió.

Un golpe fuerte para la nación que marcó un antes y un después en toda Judá; Por lo que vemos en Horeb la imagen de una ley que el pueblo no quiso obedecer y en Sion un reinado que va en decadencia. Y es en medio de este declive nacional que el profeta Isaías tiene una visión.

“En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.” [1]

En el peor año, Isaías vio a Dios. La ironía del mensaje es que esta visión no era el fin de Judá sino el inicio de algo nuevo. El año 2020 pudiese quedar enmarcado en la historia como uno de los peores, pero la pregunta es: ¿Qué estamos viendo?

Como jóvenes podemos estar dotados de muchísimos talentos, pero mientras nuestra vida sea únicamente gobernada por estos no tendremos éxito porque Uzías iba bien, pero terminó mal. Por eso hago hincapié en que no es ver un trono sino ver a Dios en el. El problema en el corazón del hombre es que a pesar de tener a Horeb y a Sion como referencias buscaba ser el un monte incluso más alto.

El mensaje de la visión es claro, no necesitamos a Uzías en nuestra vida sino a Dios porque solo El es capaz de guiarnos por un sendero de humildad, paz y justicia. Finalmente, este año lo enfrentaremos no con nuestras fuerzas y/o talentos sino con Emmanuel, El Dios que está con nosotros.

“Dios mismo les va a dar una señal: La joven está embarazada, y pronto tendrá un hijo, al que pondrá por nombre Emanuel, es decir, “Dios con nosotros”.”[2]

[1] Isaías 6:1 RVR60

[2] Isaías 7:14 TLA

Gracia

A lo largo de la historia siempre ha existido el exclusivismo, por eso vemos una familia por encima de otra, una jerarquía social que humilla a otra y un grupo selecto superior a los demás. Sin embargo, han sido tantas las veces que hemos presenciado esto que finalmente lo hemos aceptado como la norma.

Pareciera que ya no nos afecta saber que la sociedad no es equitativa ni tan siquiera justa y esta idea la hemos llevado a las instituciones, incluyendo a la iglesia. Cuando leemos en los evangelios aquel maravilloso texto que dice: “Les dio potestad de ser llamados hijos de Dios” se debe a que este título por mucho tiempo fue totalmente exclusivo no para a una nación, sino para una persona, a César, sobre quien aún el día de hoy podemos encontrar monedas del Siglo I con su imagen, que llevan la siguiente Inscripción: “DIVI FILIUS” (HIJO DE DIOS), era César y no otro, quien gozaba de este título que lo sobreponía por encima de la humanidad.

Esta norma de la sociedad cambia, cuando el inocente murió por los culpables y en vez de llevar una corona de oro la llevó de espinas… Cristo nos dio el derecho al disfrute de la vida plena, a la paz, al gozo, a una comunidad equitativa y junto a esto la potestad de ser llamados: “Hijos de Dios” porque como dijo C.S. Lewis: “El hijo de Dios se hizo hombre para que los hombres sean llamados Hijos de Dios.”

Por tal razón creemos que el evangelio es inclusivo pues considera a todo el ser humano apto para la salvación y para ser merecedor, a través de la Fe en Jesús, de este divino nombre – DIVI FILIUS. Como nos dice el libro de Tito 2: 11: “La Gracia de Dios se manifestó para salvación a todos los hombres.”

Vivamos el evangelio, Vivamos en la Gracia Inclusiva, que no mira nombres, no mira apellidos, ni cuentas de bancos, mas bien mira un corazón y una fe que anhela avanzar hacia las promesas de Dios.

Gracia Irresistible

Vivimos en un mundo de apariencias, las personas son valoradas por sus posesiones, la calidad de sus imágenes en Instagram, la cantidad de seguidores y la imagen que proyectan, una cultura de envase donde es más importante el aparentar que el ser.

Es común escuchar en nuestras conversaciones cómo la gente se esfuerza cada día en lograr ser reconocidos y alcanzar posiciones de éxito con la finalidad de ser aceptados.

Algo muy parecido a lo experimentado por los fariseos cuando Jesús estuvo en la tierra, la vestidura de estos maestros religiosos se caracterizaba por su ostentosidad, un vocabulario que atraía a las masas y un concepto sobre sí mismos más alto del que debían tener.

En una ocasión, uno de estos maestros de las escrituras fue al templo a orar, y entre sus palabras exclamaba su autosuficiencia y superioridad frente a los otros “pecadores”, y al encontrarse con uno de ellos su actitud mostró desprecio e intolerancia.

“¿Cómo es posible tanto descaro? ¿Acaso puede un ser tan vil hablar con el Dios verdadero? ¿Por qué no es como yo, inmaculado e intachable? ¿Escuchará Dios las plegarias de este pecador?” Fueron sin duda los pensamientos que llegaron a su mente, la creencia de que un Dios santo tiene solo un pequeño grupo discriminado de personas entenebreció su entendimiento.

El publicano, de lejos, con temor de acercar su mirada a los cielos, elevó una oración que demostraba su dependencia y sus palabras fueron contadas por justicia. El Dios del universo exclamó una vez más que él escoge a lo vil y menospreciado para exaltar su grandeza, que no se trata de nosotros, se trata de Él.

¡Con cuánto amor nos ha amado el Padre! Que siendo inmundos nos santifica, nos muestra su gracia y prepara el camino a la salvación. Una gracia que no pone su mirada en las apariencias, se deleita en los corazones. Transforma la tristeza en alegría, el lamento en baile y hace sabio al sencillo.

Acércate con confianza ante el trono de la gracia, para encontrar misericordia y oportuno socorro. Él es quien corona tu cabeza de favores, quien unge tu cabeza con aceite, adereza mesas delante de ti y jamás te abandona.

Salmos 23:6

La bondad y el amor me seguirán

todos los días de mi vida;

y en la casa del Señor

habitaré para siempre.

¿Dejas que su gracia se manifieste sobre ti? ¡Recuerda que se trata de Él!

 

Scroll to top