Jesús

SER IGLESIA EN UN MUNDO DIVIDIDO

El mundo se debate entre quienes deberían tener derechos y quienes no, por todo el globo terráqueo la legislación ha estado experimentado cambios significativos a favor o en contra de diferentes grupos de la sociedad.

Las personas exigen sus derechos, aunque estos puedan atropellar la vida de los que no son capaces de defenderse aún y esta lucha incansable ha estado dividiendo a nuestro mundo porque al final de cuentas las leyes parece que se han estado inclinando hacia el de mayor poder adquisitivo y no a favor de todos y todas.

El derecho romano como tal se conoce nace en Roma, aproximadamente 750 años A.C, surgió como un ente legal vivo que se adaptó para asistir las necesidades sociales de cada momento histórico. Sin embargo, en su definición era perfecto pero la praxis no, el derecho Romano era injusto, inhumano y partidista.

Por lo que Jesús se enfrentó a él, se enfrentó a un derecho torcido, a un derecho cruel y parcial. Esta oposición le trajo muchos problemas e incluso oportunidades para hacerle caer, como el siguiente evento que todos conocemos:

Se les acercan unos fariseos y herodianos con una pregunta que en caso de Jesús negarla seria subversión a Roma y en caso de aceptarlo sería oponerse a sus convicciones.

“—Maestro, sabemos que eres un hombre honesto y enseñas con sinceridad el camino de Dios. No temes decir lo que piensas porque no tratas a la gente según su nivel social, sino que eres imparcial.” – San Mateo 22:16 PDT

Jesús había dejado claro desde el inicio que la buena noticia era imparcial y que invertía el estatus social, porque de los pobres era el Reino de los Cielos.

“Por eso dinos qué piensas tú: ¿Está bien que paguemos impuestos al emperador o no?” -San Mateo 22:17 PDT

La pregunta se lanza en los últimos días de Jesús, en plena Jerusalén, en donde el asedio se hacía cada vez más fuerte, y se buscaba algún un desliz para poder acusarle.

“Muéstrenme una moneda con la que pagan impuestos. Ellos le dieron una moneda de plata. Entonces él les dijo:

—¿De quién es la imagen que está en la moneda y el nombre que está escrito en ella? Ellos dijeron:

—Del emperador. Entonces Jesús les dijo:

—Den al emperador lo que es del emperador y a Dios lo que es de Dios. Cuando ellos escucharon su respuesta, se asombraron y se alejaron.” – San Mateo 22:18-22 PDT

Jesús en su respuesta contrapone la imagen de Cesar con la imagen de Dios. En el Siglo I el emperador gozó de títulos divinos que fueron impregnados en las monedas, Cesar era dios para el ciudadano Romano, pero no para el Judío.  ¿Será que aun hoy día tenemos al dios Cesar en medio nuestro?

“Ese Dios que regatea, que vende la salvación, que todo lo hace en cambio de dinero, que

manda las gentes al infierno si no le pagan, y si le pagan las manda al cielo, ese Dios

es una especie de prestamista, de usurero, de tendero. ¡No, amigo mío, hay otro

Dios!”

José Martí

La imagen del César está en lo que su propio sistema fue capaz de crear: impuestos y sufrimiento para las mayorías, riqueza y acumulación de bienes para unos pocos, pero La imagen de Dios, no está en las riquezas de este mundo. Al ir al libro del Génesis, vemos la imagen de Dios que resplandece en el rostro del ser humano, de ese judío pobre que tenía que pagar los impuestos a Roma, de esa viuda que no tiene quien le socorra, de ese huérfano abandonado. Jesús está demandando en su respuesta que la vida de las personas pertenece a Dios y que, por tanto, debe ser respetada.

En un mundo que lucha por dividirse cada vez más a través de diferentes leyes que benefician un bando del otro, Jesús nos está llamando a dar a Dios lo que es de Dios, a Dios les pertenece nuestro amor desmedido, nuestro corazón sin reserva, nuestras manos diligentes a favor de los más necesitados.

En un mundo que se divide porque no sabe a quien ha de dar la moneda seamos Iglesia. Iglesia es ser imagen del Dios vivo que es uno, Un Dios que nos ha preparado moradas en un lugar donde no hay muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque estas cosas ya pasaron.

RESURRECCIÓN EN UN MUNDO QUE MUERE

Guerras, enfermedades, escasez de recursos naturales y pobreza son los escenarios que últimamente nos ha tocado presenciar. ¿Cuánto vale la vida de un niño que nace en Estados Unidos? ¿Cuánto vale la vida de un niño de Gaza? No debemos responder la pregunta ante la fragilidad de una sociedad que se le ha vendado los ojos y no quiere ver la realidad.

El que era bueno ya no es tan bueno a no ser que él mismo cuente la historia. Esto no es nuevo, y es contraproducente que el mundo haya avanzado tanto en diversas áreas, pero sigue estancado en el egoísmo, la frialdad, la injustica y el odio.

Ante la evidente muerte de todo lo que vemos, se ha puesto la mirada en lo futuro, en la vida más allá de esta que se nos va, pero:

  • “¿Qué debo hacer para tener la vida eterna?” Preguntó un Maestro de la Ley a Jesús. – San Lucas 10:25 TLA

La respuesta es sencilla hasta que se pone en práctica, amar no es fácil y se complica aún más cuando nos toca amar al que la sociedad lo tilda de antagonista.

“Pero el maestro de la Ley no quedó satisfecho con la respuesta de Jesús, así que insistió:

—¿Y quién es mi prójimo?”- San Lucas 10:29 TLA

Jesús magistralmente cuenta una historia en donde el levita y el sacerdote, los 2 estándares morales ante el pueblo Judío son los malos de la trama. ¿Se imagina usted eso? En el campo dicen “se le cayó el santo del altar”

¿Qué sucede en nuestro mundo si un relato hace ver que la “mejor” gente obra mal y solo la “peor” persona obra bien? Usted tendrá de introducción un sinnúmero de oposiciones y posiblemente en algunos contextos le puede costar la vida, pero fue exactamente esto lo que hizo Jesús al contarle a una audiencia Judía del siglo I la parábola del Samaritano.

Hoy varios siglos después, el término “Buen Samaritano” no goza del significado que en su momento tuvo, hoy entendemos “Buen Samaritano” como una persona que hace algún bien a un extraño, sin embargo, en el Siglo I, decir “Buen Samaritano” era una paradoja, un oxímoron, algo parecido a decir “Circulo Cuadrado” si algo tenían claro los Judíos es que “Bueno” y “Samaritano” no podían coexistir.

 

De allí tenemos la famosa frase:

“La samaritana le dijo:

—¿Por qué me pides agua si tú eres judío y yo soy samaritana? Le dijo eso porque los judíos no se tratan con los samaritanos.”- San Juan 4:9 PDT

Así que llamarle Bueno al Samaritano ya era un desafío a la audiencia. Pero ¿Quién es el Samaritano hoy día? Samaritano es cualquier persona que haya sido considerado el malo por algún prejuicio social sin antes evaluar su conducta. Hoy día el desafío sigue vigente, el mundo se nos muere y nosotros aún no hemos extendido nuestra mano al Samaritano, porque en nuestro cuento el sigue siendo el malo, ¿Por qué? porque eso fue lo que nos contaron.

De modo que si queremos hablar de vida eterna es necesario responder correctamente la pregunta, y para responderla debemos despojarnos de los prejuicios sociales y de esas expectativas falsas que siempre se ha tenido, ¿Por qué sí salió algo bueno de Nazaret no puede salir algo bueno de Palestina? De modo que, no soy bueno por ser Levita, no soy malo por ser Samaritano, lo que define quien es el bueno en la historia es el que obra en bien, pues se nos ha dicho muchas veces: “Por sus frutos lo conocerán” y no he leído que sea por su apellido o nacionalidad.

Finalmente, todos en la historia vieron al necesitado, pero solo uno le rescató y fue el Samaritano, el desdichado y despojado tuvo compasión, y es que, cuando vemos el mundo desde los ojos del que sufre se aprecia mejor el horizonte porque en los ojos del que llora no hay paja que moleste.

“¿Cuál fue el prójimo del que fue maltratado por los ladrones?

 —El que se preocupó por él y lo cuidó —contestó el maestro de la Ley.

Jesús entonces le dijo:

—Anda y haz tú lo mismo.” – San Lucas 10:36-37 TLA

Scroll to top