Paz

Vida Productiva

No hay nada más incómodo que haber iniciado una tarea y antes de haberla acabado ya tienes otra asignación para completar. Pero este es un estilo de vida que llegó y al cual nos hemos adaptado rápidamente. Toda nuestra tecnología está creada para realizar multitareas, también es tendencia de recursos humanos en nuestras empresas  preferir contratar perfiles multitaskers, y ni hablar de nuestras comunidades de creyentes, donde aprendemos que hacer más equivale a ser más productivos.

Algunas investigaciones científicas no terminan de aclarar si esto nos añadió habilidades nuevas o nos las quitó, como la capacidad de concentrarnos, de poder leer tres páginas de un libro consecutivamente sin mirar la pantalla del celular, por ejemplo.

Ahora bien, ¿qué significa ser un cristiano productivo? Cuando hablamos de productividad nos referimos a administrar los dones y talentos como recursos para el servicio de los demás de manera eficiente, y conocer, por qué, para qué, cómo, el tiempo y el lugar, pero muchas veces sucede todo lo contrario, asumimos esto como, estar en todas partes, hacer todo y con todos.

 «Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.»  Eclesiastés 3:1

La vida cristiana es extremadamente activa y si no colocamos los límites correctos en nuestra vida, es muy seguro que nos veremos cargados de actividades que nos lleven a estar estresados, ansiosos y nuestra salud y relación con Dios verse afectada, y ese no es el fin, cierto? En estos últimos meses, durante el tiempo de pandemia, tomé la decisión de aprender, de la palabra de Dios y de personas piadosas  a “cómo ser más productiva” sin descuidar mi salud y mi intimiad con Dios, y me encontré con algunos detalles interesantes que había olvidado poner en práctica y otros ignorados todo este tiempo.

Hoy en día existe un sinnúmero de cursos y aplicaciones digitales que nos pueden ayudar a organizar nuestras agendas, regular el uso de nuestras redes sociales para enfocarnos en las tareas pendientes y automatizar algunas de ellas, sin embargo, todo esto puede llevarnos a solo enfocarnos en completar tareas y olvidarnos de una de las cosas más importantes que nos enseñó Jesús, amar a las personas y recordar que no somos máquinas operarias. Toda nuestra agenda organizada debe llevarnos a amar a Dios sobre todas las cosas y a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Marcos 12:29-31).

Algo que aprendí muy reciente leyendo a la joven escritora Ana Avila acerca de productividad, es que, es muy bueno tener todo un plan bien organizado de lo que haremos en los próximos meses, esto nos da cierta paz y control sobre las cosas, sobretodo a nosotros los «control freak», pero quiero decirte mi querido hermano, aún teniendo todo un plan,  Dios no nos garantiza buenos resultados, porque vivimos en un mundo caído por el pecado, y por esto es muy importante preguntar al que todo lo sabe, Dios, sobre sus planes para nosotros, pues de nada sirve avanzar si tu plan te lleva en la dirección equivocada.

Nosotros, humanos imperfectos, utilizamos la productividad como un medio para obtener logros, encontrar propósito, reconocimiento y seguridad, que nos brinda la ilusión de que controlamos todas las cosas, y de encontrar valor por los méritos obtenidos, pero si algo falla en nuestro plan, llega la frustración y el desánimo a nuestra vida, y aunque nos fuera bien, qué sigue?

Dios, nuestro creador y de todo el universo, preparó buenas obras para tí y para mí para que andemos en ella, que están escritas en su palabra, y caminar en esas buenas obras nos hace realmente libres y verdaderamente productivos. Vivir en Cristo significa tener una mente nueva, transformada para llevar a cabo los proyectos y planes que Dios predestinó para nosotros.

Ser multitareas, querer abarcar muchas cosas a la vez sin hacernos las preguntas claves: por qué, para qué, cómo, será esto lo que Dios quiere para mí? puede mantenernos muy ocupados pero improductivos, con muchas actividades pero desarraigados, pues Dios a cada uno de nosotros no nos ha llamado para hacerlo todo ni a estar en todos lados, sino para ejercer una función específica en la vida, como parte del cuerpo de Cristo.

Tener una vida productiva también es aprender a decir no cuando es necesario. Decir no, no es tan malo como nos han hecho creer, decir no es establecer límites de acuerdo a nuestras posibilidades, capacidades y a la voluntad de Dios para nuestras vidas, y te ayuda a administrar tus recursos de manera sabia. Si te cuesta mayor esfuerzo decir no, cómo sucedía con esta servidora quien escribe, pídele sabiduría a Dios, quien está en la mejor disposición de dártela (Santiago 1:5) y pon en práctica tu dominio propio con pequeñas decisiones que debas tomar en tu día a día.

Ser productivos también significa aprender a descansar, y sí! el descanso es una parte muy importante y espiritual en nuestra vida cristiana, descansar significa confiar,  tener paz, depender de la soberania de Dios en nuestras vidas y darle el control de nuestro tiempo y nuestras agendas al Dios omnisciente, que nos conoce mejor que nosotros mismos. El cristianismo no se trata de lo mucho que hagamos, sino de lo mucho que hizo Cristo por todos al morir en la cruz del calvario, se trata de ser y estar presentes con Dios y tu relación con tus semejantes.

Tenemos un deber de ser buenos administradores de nuestro tiempo, hacer todo lo que como cristianos estamos llamados a hacer, predicar su palabra, ayudar al huérfano, ayudar a la viuda, hacer bien a nuestro prójimo, hacer comunidad con otros creyentes, estudiar y poner en práctica su palabra, no dejar de orar e interceder por otros, y si te fijas, todas estas tareas se tratan de Dios y de los que te rodean.

Si estás caminando en la dirección equivocada, si  has perdido el enfoque, has iniciado proyectos por las motivaciones erradas, o no sabes por qué estás haciendo lo que estás haciendo, o tienes tiempo que no pones en práctica lo que te ha declarado El Señor, entonces es una buena oportunidad para detenerte y cambiar de rumbo,  recuerda que nuestra meta es Cristo y solo arraigados a El podemos dar mucho fruto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin Fronteras

Mateo 2:1-4

Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.

Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.

El libro de Mateo nos narra la bella historia, una de las más contadas en el mundo, en la que nace un niño en Belén de Judea (situada a unos 9 km. del sur de Jerusalén) y que al momento de su nacimiento, enfoca la adoración de unos magos o sabios, de los cuales sabemos muy poco, probablemente de alguna casa sacerdotal de la antigua Persia, astrólogos y posiblemente zoroatristas, un sistema religioso incompatible con la fe cristiana, hombres menospreciados por los pulcros religiosos, o judíos devotos, que se habían acercado llevando regalos a este niño en lugar de los sacerdotes judíos.

Vemos también como una adolescente, a la que Dios le estropea su ceremonia matrimonial y que queda embarazada antes de consumar su matrimonio, ser considerada para traer como fruto de su vientre a un nuevo rey.

Y a otro rey, proclamado rey de los judíos por el senado romano, que prefirió guardarse en un palacio antes que perder su posición social, poder y fama, por ir a ver a este niño que había nacido, por miedo de perder todo lo que había logrado.

Y así es como muchos de nosotros vivimos hoy día, etiquetados o desaprobados por la sociedad, por nuestra situación económica, por nuestra raza, por nuestros fracasos, con miedo a ser rechazados por tantos prejuicios, los cuales, según nos muestra la historia de la sociedad, han existido desde sus inicios.

Jesús vivió sin fronteras, en la biblia lo vemos acercarse a una samaritana, a un leproso,  a recaudadores de impuestos muy despreciados por la sociedad antigua y especialmente los líderes religiosos, como Zaqueo o el mismo Mateo, quién fue un vivo testimonio de la compasión de Jesús.

Y lo más hermoso de esta historia, es la buena noticia de que Dios no se ha olvidado de nuestras vidas, que por medio de este niño escogido, Jesús, que nació, vivió entre nosotros, sacrificó su propia vida y resucitó por toda la humanidad, podemos encontrar propósito, el amor verdadero, la paz que sobrepasa todo entendimiento y un camino a la vida eterna.

En esta época, donde muchos han perdido la verdadera razón por la que se decidió festejar navidad, no importa si es la fecha exacta del natalicio de Jesús o no, siempre es bueno recordar este gran acontecimiento, el de un Salvador, al que si le importa la gente, sus problemas, sus luchas, que vino a morir por tus maldades y por las mías, por personas que han estado tanto tiempo alejadas de Dios como esos sabios de medio oriente, que se consideraban poco dignos, o personas como María, que tuvieron algún embarazo prematuro, personas estigmatizadas por ser de otra cultura o condición física, a estos Jesús les da la oportunidad de tener un lugar cerca de él.

Aún, para los que, como esos sacerdotes y escribas que conocían las escrituras pero que parecían estar más interesados en mantener su prestigio y costumbres que en la compasión por la gente y no hicieron nada para buscar al Mesías, mientras el pueblo le anhelaba, Jesús también les hace la invitación. Mateo deja claro que las fronteras que creamos para separarnos de otras personas, no separan a las personas del amor de Dios.

¡Qué gran noticia para celebrar!

Esta, nuestra verdadera razón de celebración, nos reta a considerar a aquellos que también hemos alguna vez llamado indignos, y así llevarles las buenas nuevas con la compasión y el amor que Jesús demostró al morir por nosotros en la cruz, y si has estado tan lejos para conocerle, no temas, porque él tiene espacio hasta para el más despreciable de los pecadores de esta sociedad.

Efesios 2:14-16

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

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